| 1 cuota de $9.300,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $9.300,00 |
Desde los nobles viñedos de Mendoza, donde la tierra madura sus frutos bajo la vigilancia eterna de la cordillera, nace Saint Felicien Cabernet Franc, un vino de espíritu distinguido y porte señorial. Elaborado con 100% Cabernet Franc, se presenta con un color rojo rubí profundo y una expresión elegante, donde aparecen frutas rojas como cassis y grosellas, entrelazadas con pimienta negra y clavo de olor. En boca avanza con paso firme y refinado, mostrando excelente estructura y taninos suaves y aterciopelados, como si cada sorbo hubiera sido guardado durante largo tiempo en una cava de piedra, esperando el momento justo para ser revelado.Su crianza de 16 meses en roble, con predominio de roble francés y una parte de roble americano, le aporta profundidad y nobleza, dándole ese carácter sereno de los vinos que no buscan imponerse con estruendo, sino conquistar con elegancia. Las uvas provienen de viñedos de Agrelo, Luján de Cuyo, y Eugenio Bustos, San Carlos, dos orígenes mendocinos que ayudan a explicar su equilibrio entre frescura, complejidad y fineza. En los salones del Templo del Vino, bien podría ocupar el sitio reservado a los tintos de linaje, esos que honran la mesa con presencia y distinción. Para el maridaje, este Cabernet Franc encuentra noble compañía junto a carnes rojas, pastas con salsas intensas, tablas de quesos semiduros o curados y platos especiados, porque su estructura elegante y su perfil especiado saben abrazar sabores profundos sin perder armonía. Para servirlo en toda su expresión, conviene ofrecerlo entre 16 y 18 °C, una temperatura apropiada para que despliegue su perfume, su textura y toda la nobleza de su paso por boca. Así llega Saint Felicien Cabernet Franc al Templo del Vino: no como una simple botella, sino como una pieza de honor, hecha para ennoblecer el banquete y convertir cada copa en ceremonia. En su cierre deja lo que dejan los vinos verdaderos, elegancia, carácter y memoria. Un Cabernet Franc mendocino para quienes buscan no solo beber un gran vino, sino también sentir, en cada brindis, la emoción de haber encontrado un tesoro digno de ser recordado.
