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En las crónicas de las grandes alturas, donde el aire se vuelve tan puro que solo los cóndores y los sabios se atreven a respirar, existe un enclave sagrado a 1290 varas sobre el nivel del mar donde la casa Doña Paula cultiva su legado. Allí, en el frío extremo de Gualtallary, nace el Altitude Series 1290, un místico ensamble donde tres linajes de uvas blancas se funden como una hermandad inquebrantable: el Chardonnay aporta la estructura de una fortaleza de piedra, el Sauvignon Blanc la agilidad de una saeta de plata y el Riesling esa mística acidez que brilla como un diamante oculto en la roca calcárea. Al ser vertido en el cáliz, este elixir revela un color amarillo pálido con destellos de luz boreal, liberando una procesión de aromas nobles que evocan flores blancas recién cortadas en los jardines del castillo, duraznos madurados bajo el sol de montaña y ese rastro inconfundible de pólvora y piedra mineral que delata su nacimiento entre riscos gélidos. En el paladar se despliega con una frescura eléctrica y vertical, recorriendo la lengua con la elegancia de una seda real y dejando un final largo y salino que invita a un nuevo sorbo de gloria. Para que este espíritu de las cumbres no se desvanezca en el fragor de la batalla, debe ser tratado con el respeto del frío y servido entre los 8°C y 10°C, buscando la temperatura de los manantiales de montaña para que su complejidad se revele ante los sentidos. En el banquete de la alta corte, este blanco exige viandas a su altura, siendo el aliado perfecto para manjares del mar como vieiras gratinadas, aves del feudo asadas con romero o quesos de abadía de pasta blanda, donde su acidez cortará la suntuosidad del plato con la precisión de una espada de Toledo. Beber el Altitude Series 1290 es, en definitiva, alcanzar la cima del mundo en cada copa, un testimonio de que la altitud no es solo una medida, sino un estado del alma capturado en una botella
